Fin de Siglo

Todo comenzó en 1985, año de la extradición de Hernán Botero[1]; el apagón de Marzo; Los acuerdos de La Uribe [FARC] y Corinto [M-19]; la creación de la Unión Patriótica; la Catástrofe de Armero; el Holocausto del Palacio de Justicia; la muerte de Eduardo Carranza; Miguel Rodríguez Orejuela pagando 1 millón de dólares para que el Ministerio de Justicia autorizara la solicitud de extradición a Colombia de su hermano Gilberto, preso en la España de Felipe González[2]; Ramón Isaza, “El viejo” y sus Autodefensas del Magdalena Medio[3]; el Poder Popular de Ernesto Samper Pizano;  la muerte, en combate, del comandante del M-19 Iván Marino Ospina y su hijo Gerardo; la conspiración contra Jaime Caycedo del Partido Comunista; la invención del Festival Internacional de Teatro de Fanny Mickey y Ramiro Osorio, luego del éxito de la Gata Caliente durante el lapso de Pablo Escobar en la Cámara de Representantes; la interminable publicación de los camelos de Álvaro Mutis por Pro y Colcultura bajo la dirección, compra y distribución de su hijo Santiago; el atentado, en un restaurante de Cali contra Antonio Navarro, María Vásquez y Alfonso Caycedo; el ataque al corazón de Françoise Sagan en Bogotá; la presentación del primer libro de ejercicios líricos de William Ospina en la Casa de Nariño bajo los auspicios de La Legión del Afecto[4]  y los seis millones de pesetas en joyas robadas a Gabriel García y Mercedes Barcha en el Hotel Princesa Sofía de Barcelona, todo anunciado por el Calcas de Mejorada del Campo donde murieron Marta Traba, Jorge Ibargüengoitia, Manuel Scorza, Ángel Rama y 180 personas más, cuando volaban a Colombia a una reunión poética con Belisario Betancur, bajo la dirección del recién nombrado seudo ministro de cultura del Banco de la República y de la cual se salvó, de milagro, Antonio Caballero Holguín, el biógrafo de Ignacio Escobar Urdaneta de Brigard.

A finales de 1986, Semana publicó una reseña del estado de la poesía, concluyendo que “hoy los poetas son tenidos como la permisible, inofensiva y en cierto modo, necesaria, franja de lunáticos".[5]

Indignada por tales palabras, la futura integrante por el M-19 de Abril de la Constituyente de 1991, María Mercedes Carranza, que acababa de recibir de manos de Genoveva Carrasco[6]  el inquilinato donde habían vivido José Asunción Silva y Aurelio Arturo, para transformarlo en una Maison Poétique, respondió, con la enorme lucidez que aún le asistía, diciendo que el poema es el único producto humano que aún permanece fuera de la sociedad de consumo, ajeno a las leyes de la demanda y la oferta porque nadie financiaba, hasta entonces, una lectura de poemas en voz alta. El poema es, así, un acto solitario que no requiere inversión económica para confeccionarle y menos disfrutarlo. ¡Cuántos buenos poetas viven y han muerto ignorados y desconocidos! exclamaba Carranza Coronado. ¿Y para qué diablos entonces sirve?

 

“La poesía –sostuvo-- proporciona un goce y una interpretación de !a realidad para cuya comprensión la sociedad moderna pierde día a día sensibilidad, manipulada por los esquemas y por la visión limitada que le imponen la sociedad de consumo y los medios masivos de comunicación. En esta sociedad el poeta no existe porque no produce mercancías.“

 Como han certificado varios historiadores, fue durante el cuatrienio [1974-1978] del gobierno de Alfonso López Michelsen, cuando Colombia se consolidó como el primer exportador de estupefacientes de la historia contemporánea, que algunos llaman con una ironía digna de Caifás (AC y DC), [antes y después] de la Coca. López Michelsen (1913-2007), hijo del más grande presidente republicano del siglo pasado; bisnieto de un sastre radical cuyos descendientes son miembros de esa oligarquía que viaja a Paris, Londres o New York a comprar camisas o cortarse el cabello; incorregible adicto al sexo femenino,  odiaba, como Alberto Lleras Camargo, el país donde habían nacido y sólo soportaron para, al servir a los poderosos de Londres y Washington, hundirlo en la miseria y la humillación.

 De las entrañas del Frente Nacional saltó el basilisco que en su odio por los liberales nunca vislumbró Laureano y mucho menos su hijo Álvaro Gómez: los narcotraficantes[7] eran ya la nueva clase y la incontenible nueva fuerza política, enquistada en todo el entramado corruptor de sus gobiernos milimétricos y bipartidistas, cuyos dineros elegían el Congreso, nombraban magistrados, ministros, gobernadores, alcaldes, procuradores, jefes de la policía, pervertían la debilitada izquierda y terminarían liquidando moralmente las guerrillas que decían combatir el estado de cosas imperante.

 El triunfo del narcotráfico y la escalada de la guerra civil entre guerrillas y paramilitares[8] ofreció a un sector de la inteligencia colombiana[9]  la oportunidad de entrar en escena con beneficios y resultados que nunca habían conocido.

 En 1986, de los trece suplementos literarios que hubo en Colombia, sólo el Magazín Dominical de El Espectador tuvo una página consagrada a la poesía…, de Juan Manuel Roca. Para entonces ya habían muerto las revistas[10] dedicadas al género[11] y sólo unas, más o menos mediocres o presuntuosas: Gradiva, Pluma, Gato encerrado, Número, Puesto de Combate, Ulrika, Aleph, El Malpensante, Número y la longeva y al fin difunta Golpe de Dados sobrevivirían, mas como fuente de ingresos y tráfico de influencias de sus propietarios que como instrumentos para la difusión de la literatura.

 Hasta ese año existió el programa Que hablen los poetas auspiciado por el Banco de la República, cuyas instituciones culturales terminarían al servicio de las multinacionales del libro de texto, la literatura y las artes. Durante un cuarto de siglo, un pretendido bardo [léase Darío Jaramillo Agudelo] convirtió los enormes fondos de esa institución pública en una suerte de peana para alcanzar una gloria que ni él mismo merecía y en últimas sirvió a las editoriales y poetas de España y México más que a los genuflexos poetas nacionales. El gran monumento a esas ambiciones faraónicas del sub-gerente de marras es el cínico Centro “García Márquez” del Fondo de Cultura Económica, levantado sobre las multimillonarias compras de sus libros ordenadas por los secretos comités de la Biblioteca Luís Ángel Arango, cuyo Boletín Cultural y Bibliográfico es la fría lápida de esa poesía aupada desde los extensas despachos de la Casa de la Moneda y colgada de las solapas de la propia revista.

 En 1997 Ernesto Samper Pizano y Jacquin Strauss Lucena crearon el Ministerio de Cultura para dotar de ingresos a la nueva y descompuesta inteligencia que pretendía hacer de Colombia una república de festejos, fandangos y rumba interminables. Desde entonces Casa de Poesía Silva y el Festival de Poesía de Medellín hicieron de la poesía, con el apoyo infecto y vicioso de ese ministerio y las nuevas secretarias de cultura de los distritos especiales,  el más grande espectáculo de nuestro tiempo. Filmes, videos, seriales de televisión, grabaciones, lecturas públicas, seminarios, grandes tirajes gratuitos de libros de versos[12], todo ha servido para prorratearse los presupuestos municipales y de los ministerios. En ningún otro país del mundo ha servido la poesía tanto a los políticos de la guerra en su ejercicio del poder.  Y como nunca antes, la inopia de la poesía ha escalado hasta las profundidades de la ignorancia y ordinariez. Instrumentalizada y pervertida como oficio y como forma de vida, la poesía, colombiana o no, en Colombia ha desaparecido y no parece dar señales de vida en un futuro inmediato. Porque como nunca antes, distritos  y gabinetes, secretarias de cultura y empresarios del capital han invertido desmedidas sumas de dinero para hacer brillar la lírica como otra joya de la pasarela y el entretenimiento contemporáneo.

 Los poetas colombianos crecen ahora como palma africana y desaparecen como coco, según el criterio del manipulador de turno, d´habitude poeta él mismo[13]. Hoy son más de medio centenar los vates vivos y muertos que lucen en sus faltriqueras más de un laurel del erario público[14], pero nadie, literalmente, nadie, recuerda sus nombres y menos, sus versos. 

Pero no todo estaba perdido, como dije en la introducción a esta antología. A pesar del triunfo de la barbarie sobre la civilización y el auge del comercio del libro como parte del espectáculo contemporáneo, un puñado de escritores, nacidos, en su mayoría, en provincia, entre la segunda mitad del siglo pasado, [1953-1973], Antonio Silvera Arenas, Eduardo García Aguilar, Felipe García Quintero[15], Fernando Molano Vargas [1961-1998], Jhon Better Armella[16], Jorge García Usta [1960-2006][17], Juan Pablo Roa[18], Mauricio Contreras Hernández, Miguel Iriarte Díaz-Granados, Orlando Sierra Hernández [1959-2002][19], Rómulo Bustos Aguirre y Toto Trejos Reyes [1969-1999], que conocieron en carne viva el maridaje de la frivolidad y las muertes atroces cuando el derroche y el consumo teatral y conspicuo fue paradigma de la vida social, desoyendo las hienas que vociferaban que la poesía debía secar la sangre de los ríos y romper las cadenas de las moto sierras con la declamación de versos en estadios y bares, escribieron no pocas veces en foscos silencios algunos de los poemas que dan testimonio de una época atroz, los años finales del siglo XX en Colombia. A ellos dedicaremos las líneas finales de este trabajo.

 

[1] Hernán Botero: La pelea del primer extraditado, El Espectador, Bogotá, 11 de julio del 2009. http://www.elespectador.com/impreso/judicial/articuloimpreso150194-pelea-del-primer-extraditado

[2] Los narcos controlaban un tercio del parlamento colombiano, Clarín, Buenos Aires, 11 de julio de 1997. http://www.clarin.com/diario/1997/07/19/t-03401d.htm

[3] El viejo Ramón Isaza, Verdad Abierta, Bogotá, 29 de diciembre de 2008.

http://www.verdadabierta.com/component/content/article/36-jefes/673-perfil-ramon-isaza-alias-el-viejo

[4] José Navia: Los legionarios del afecto, El Tiempo, Bogotá, 07/10/2007.

http://www.eltiempo.com/participacion/blogs/default/un_articulo.php?id_recurso=450010452&id_blog=3923559

[5] Como nacidos después de 1950 figuran unos 138 poetas: Alberto Tosca, Alejandra Quintero, Alfonso Carvajal, Alfredo Vanin, Álvaro Marín, Amparo Osorio, Ana Mercedes Vivas, Ana Milena Puerta, Andrea Cote, Ángela García, Ángela Tello, Antonieta Villamil, Antonio Acevedo, Antonio Correa, Antonio Florez, Armando Rodríguez, Arturo Bolaños, Carlos Aguasaco, Carlos Bedoya, Carlos Fajardo, Carlos Garces, Carlos Ortiz, Carlos Sierra, Carlos Troncoso, Carlos Vásquez, Carmen Huertas, Catalina González, Clemencia Sánchez, Clemencia Tarifa, Consuelo Hernández, Dasso Saldívar, David Ochoa, Dora Berdugo, Elias Mejia, Elkin Pinto, Enan Burgos, Enrique Rodríguez, Ester Fleisacher, Eugenia Sánchez, Eva Duran, Evelio Rosero, Federico Díaz-Granados, Fernando Denis, Fernando Herrera, Fernando Linero, Fernando Rendón, Francisco Amin, Franklin Patiño, Fredy Galindo, Gabriel Caro, Gabriel Castro, Gabriel Franco, Giovanni Gómez, Gloria Posada, Gonzalo Mallarino, Gonzalo Márquez, Guillermo Martínez, Gustavo Garcés, Gustavo García, Gustavo Tatis, Héctor Abad, Héctor Cediel, Hernán Vargas, Hernando Cabarcas, Hugo Chaparro, J. Sanchez, Jader Rivera, Jaime Gómez ,Javier Huérfano, Javier Naranjo, Joaquin Matos, John Casanova, Jorge Acero, Jorge Bustamante, Jorge Cadavid, Jorge Echeverry, José Zuleta, Jota Junieles, Juan Acevedo, Juan Carlos Bayona, Juan Carlos Cardozo, Juan Carlos Galeano, Juan Carlos Muñoz, Juan Felipe Robledo, Juan Malaver, Julian Malatesta, Leon Gil, León Zuleta,  Liana Mejia, Lucia Donadio, Lucinda Estrada, Luis Baquero, Luís Fernando Afanador, Luis Macias, Luiz Mizar, Luz Angela Caldas, Luz Cordero, Marco Valencia, Maria Sanchez, Mario Camelo, Mario Jursich, Marta Renza, Mauricio Capelli, Medardo Arias, Mery Giraldo, Mery Sánchez, Miguel Falquez, Miguel Silva, Omar Ardila, Omar Gallo, Omar Ortiz, Orieta Lozano, Orinzon Perdomo, Orlando Sierra, Oscar Torres, Patricia Iriarte, Pedro Estrada, Piedad Bonet, Rafael del Castillo, Ramón Cote, Renata Duran, Ricardo Canizales, Robinson Quintero, Rosario Laverde, Samuel Jaramillo, Samuel Serrano, Sandra Uribe, Santiago Mutis, Sergio Laignelet, Víctor Bustamante, Víctor Gaviria, Víctor López, Víctor Rojas y Wiston Morales.

[6] Roberto Posada Garcia Peña: Recuerdo de Genoveva, El Tiempo, Bogotá, 14 de junio de 1995. http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-344816

[7] Los discípulos de la camada nadaísta integrada por José Mario Arbeláez, Humberto Navarro, Mario Cataño, Elmo Valencia, Eduardo Escobar,  Darío Lemus, etc.

[8] 1.500.000 hectáreas expropiadas,  32.000 asesinados o desaparecidos en unas 1347 masacres, 2500 sindicalistas ultimados,  unos 3 millones desplazados, 300 periodistas liquidados, otros tantos indígenas y cientos de concejales.

[9] Digamos a manera de ejemplo,  Andrés Carnederes, Antanas Mockus, Alfredo Molano, Álvaro Castaño Castillo,  Álvaro Tirado Mejía,  Andrés Hoyos, Arturo Alape, Aura Lucía Mera, Aseneth Velásquez, Bernardo Hoyos, Carlos Duque, Carlos José Reyes, Carmen Barvo, Chucho Bejarano, Conrado Zuluaga, Daniel Samper Pizano, Eduardo Serrano, Estanislao Zuleta, Fanny Mickey, Genoveva Carrasco, Gloria Zea, Germán Castro Caicedo, Guillermo Páramo, Héctor Abad Faciolince, Héctor Rojas Herazo, Hernando Valencia Goelkel, Ignacio Chaves Cuevas, Ivonne Nicholls, Isadora de Norden, Jean Claude Bessudo, Jorge Eliecer Ruiz, Jorge Orlando y Moises Melo, José Fernando Isaza, Laura Restrepo, Luís Ángel Parra, Marco Palacios, Martha Senn, María Elvira Bonilla, Miguel Silva, Patricia Lara, Piedad Bonet, R.H. Moreno Durán, Roberto Burgos Cantor, Roberto Posada García Peña, Rubén Sierra, Sandro Romero, Santiago Mutis Durán, Salomón Kalmanovitz, William Ospina, etc.

[10] Jorge Orlando Melo: Las revistas literarias en Colombia, véase  http://www.jorgeorlandomelo.com/bajar/revistas_suplementos_literarios.pdf

[11] Letras nacionales, Espiral, Eco, Acuarimántima, Razón y fábula, Estravagario, Olas, El café literario, Argumentos, Gaceta, etc.

[12] Otro de los tergiversadores de la poesía colombiana ha sido Miguel Méndez Camacho [Cúcuta, 1942]. Aficionado a las carreras de caballos, abogado de la Universidad Externado y Licenciado en Humanidades por la Central de Venezuela, ha sido director del Instituto de Cultura de Norte de Santander, donde controló por años los premios Cote Lamus, subdirector del Instituto Colombiano de Cultura, Colcorupta,  bajo los gobiernos de Turbay y López Michelsen, Ministro Consejero de la Embajada de Colombia en Argentina durante seis años, gerente de Pro Cultura, una empresa mixta de Gloria Zea, donde gobernó la colección Clásicos Colombianos con la ayuda de Álvaro Mutis y su hijo Santiago. Desde hace 30 años es Decano de Cultura de la Universidad Externado, donde ha dirigido la colección Un libro por centavos, a partir de la brillante idea de recuperar para la poesía las sobras de papel de los grandes tirajes de su imprenta, contando para la colocación de esos cuadernillos con la edición nacional de la revista El Malpensante. Un libro por centavos ha recopilado a la fecha unos 90 epítomes, la mayoría dedicados a la nueva poesía confiriendo títulos como  Al pie de la letra, de John Galán Casanova; Álbum de los adioses, de Federico Díaz-Granados; Amazonía y otros poemas, de Juan Carlos Galeano; Antes de despertar, de Víctor López Rache; Aquí estuve y no fue un sueño, de John Jairo Junieles; Botella papel, de Ramón Cote Baraibar; Breviario de Santana, de Fernando Herrera Gómez; Como quien entierra un tesoro, de Orlando Gallo Isaza; De la dificultad para atrapar una mosca, de Rómulo Bustos Aguirre; El ojo de Circe, de Lucía Estrada; El pastor nocturno, de Felipe García Quintero; El presente recordado, de Álvaro Rodríguez Torres; En lo alto del instante, de Armando Orozco Tovar; Evangelio del viento, de Gustavo Tatis Guerra; Herederos del canto circular, de Viro Apüshana; La esbelta sombra, de Santiago Mutis Durán; La fiesta perpetua, de José Luis Díaz-Granados; La frontera del reino, de Amparo Villamizar Corso; La tierra es nuestro reino, de Luís Fernando Afanador; Las cenizas del día, de David Bonels Rovira; Lenguaje de maderas talladas, de María Clara Ospina Hernández; Libreta de apuntes, de Gustavo Adolfo Garcés; Los días del paraíso, de Augusto Pinilla; Luz en lo alto, de Juan Felipe Robledo; Morada de tu canto, de Gonzalo  Mallarino Flórez; Música callada, de Jorge Cadavid; Nadie en casa, de Piedad Bonet; Orillas como mares, de Martha L. Canfield; País íntimo, de Hernán Vargascarreño; Palabras escuchadas en un café de barrio, de Rafael Díaz del Castillo Matamoros; Paraíso precario, de María Clemencia Sánchez; Poemas reunidos, de Miguel Iriarte; Poesía en sí misma, de Lauren Mendinueta; Poeta de vecindario, de John Fitzgerald Torres; Por arte de palabras, de Luz Helena Cordero Villamizar; Postal de viaje, de Luz Mary Giraldo; Puerto calcinado, de Andrea Cote; Resplandor del abismo, de Orieta Lozano; Signos y espejismos, de Renata Durán; Soledad llena de humo, de Juan Carlos Bayona Vargas; Suma del tiempo, de Pedro Arturo Estrada; Trazo en sesgo la noche, de Luisa Fernanda Trujillo Amaya; Un día maíz, de Mery Yolanda Sánchez; Un jardín para Milena, de Omar Ortiz; Una palabra brilla en mitad de la noche, de Catalina González Restrepo; Una sonrisa en la oscuridad, de William Ospina; Voces del tiempo y otros poemas, de Tallulah Flores y Yo me pregunto si la noche lenta, de Juan Pablo Roa Delgado. 90 cuadernillos a la fecha con 1´500.000 ejemplares distribuidos, la serie de poesía más grande del mundo, con un pero: ninguno los lee y menos se comentan.

[13] Uno de los más notables gestores de esta fanfarria de la poesía como negocio y espectáculo ha sido Rafael Díaz del Castillo Matamoros, eterno empleado y beneficiario de Casa Silva y a quien se atribuyó, en los pasillos de ese conventillo, durante mucho tiempo, la fuente del tránsito de su directora por la ingesta de sustancias no determinadas. En 2011 hizo un informe de sus fechorías en Revista Ulrika, n°s 45-46, que puede leerse gratuitamente en http://issuu.com/gdelcastillo/docs/ulrika45-46. Para darse una idea de los festivales que preparaba léase la nota de Leonardo Padrón: Los recuerdos de un festival de poesía en Bogotá, publicado en Papel Literario de El Nacional de Caracas el 23 de junio de 2005, reproducido en Ciudad Viva de Bogotá en septiembre de 2005:

 http://www.ciudadviva.gov.co/septiembre05/magazine/4/index.php

[14] Una lista incompleta de premiados con dineros públicos o de fondos de fundaciones incluiría a Adriano Arriaga Vivas,  Premio Juegos Florales; Alberto Vélez, Premio Universidad de Antioquia; Alfredo Ocampo Zamorano, Premio Guillermo Valencia, Premio Alférez Real; Álvaro Miranda, Premio Universidad de Antioquia, Premio Banco de la Republica, Premio Gómez Valderrama; Álvaro Rodríguez, Premio Octavio Paz de Cali, Premio Biblioteca Nacional; Ana Mercedes Vivas, Premio Castro Saavedra; Ana Milena Puerta, Premio Castro Saavedra; Anabel Torres, Premio Universidad de Antioquia; Armando Orozco, Premio Universidad Central; Carlos Trejos, Premio Universidad de Antioquia; Cecilia Balcazar, Premio  Jorge Isaacs; Dario Jaramillo Agudelo, Premio Cote Lamus, Premio Banco de la Republica; David Bonells Rovira, Premio Jorge Gaitan Duran; David Jiménez Panesso, Premio Universidad de Antioquia; David Pineda, Premio Universidad de Cartagena; Eugenia Sánchez, Premio Hormiga; Eugenio Pinto, Premio Martínez Mutis; Fabio Arias Farias, Premio  Mario Carvajal; Felipe Garcia Quintero, Premio Universidad del Quindío; Fernando Arbelaez, Premio Ciudad de Manizales; Premio  Guillermo Valencia; Fernando Herrera Gómez, Premio Universidad de Antioquia, Premio Ministerio de Cultura; Fernando Mejia, Premio Cundinamarca; Flobert Zapata, Premio Universidad de Antioquia; Francisco Javier Gómez, Premio Colcultura; Gabriel Jaime Arango, Premio Universidad de Antioquia; Gloria Posada, Premio Castro Saavedra, Premio Popayán; Gustavo Adolfo Garces, Premio Colcultura; Harold Ballesteros, Premio  Confamiliar; Premio  Ascun; Herbert Protzkar, Premio Café Literario; Horacio Ayala, Premio  Icfes; Hugo Chaparro Valderrama, Premio  Colcultura; Ivan Beltran Castillo, Premio  Bogotá 450 años; Jaime Alberto Vélez, Premio Universidad de Antioquia; Jaime Manrique Ardila, Premio Cote Lamus; Jaime Ramirez, Premio Universidad de Caldas; John Galán Casanova, Premio Colcultura; Jorge Artel, Premio  Universidad de Antioquia; Jorge Eliecer Pardo, Premio Servicio Civil; Jorge Rojas, Premio Guillermo Valencia; José Antonio Atuesta, Premio   Departamento del Cesar;  José Manuel Crespo, Premio  Guillermo Valencia; Jotamario Arbelaez, Premio  Kataraín, Premio  Mera Becerra, Premio Catire, Premio Perico, Premio Bareto; Juan Felipe Robledo, Premio  Ministerio de Cultura;  Juan Manuel Roca, Premio  Universidad de  Antioquia, Premio Ministerio de Cultura; Julio José Fajardo, Premio  Guillermo Valencia; Liana Mejia, Premio Universidad de Antioquia; Lucinda Estrada, Premio Ciudad de Bogotá; Luz Angela Caldas. Premio Museo Rayo; Premio  Externado de Colombia; Mario Rivero, Premio Cote Lamus, Premio Banco de la Republica; Medardo Arias, Premio  Antonio Llanos; Premio Universidad de Antioquia; Premio   Luís Carlos López; Nelson Romero, Premio Fernando Mejia; Nora Carbonell, Premio  Confamiliar; Omar Ortiz, Premio Universidad de Antioquia; Orieta Lozano, Premio Erótico Casa Silva; Orlando Gallo, Premio Universidad de Antioquia; Premio Cote Lamus; Premio Colcultura; Orlando Sierra, Premio Universidad de Caldas; Oscar Torres Duque, Premio Ministerio de Cultura; Pedro Blas Julio, Premio Jorge Artel; Piedad Bonet, Premio  Colcultura; Rogelio Maya López, Premio Agripina Montes; Romulo Bustos, Premio   Lotería de Bolívar; Premio  Colcultura;  Ruben Darío Lotero, Premio Universidad de Antioquia; Samuel Serrano, Premio Tiflos; Saul  Aguirre, Premio León de Greiff; Víctor López Rache, Premio Externado, Premio Ciudad de Bogotá, dos veces; Víctor Manuel Gaviria, Premio Universidad de Antioquia; Premio Cote Lamus; William Ospina, Premio Colcultura, etc.

[15] Felipe García Quintero (Bolívar, 1973) es licenciado en literatura por la Universidad del Cauca y Maestro en Estudios Culturales por la Simón Bolívar de Quito. Ha recibido varios Premios, entre ellos, el Rafael Maya, el Euclides Jaramillo Arango y el Neruda. Algunos de sus libros son Vida de nadie (1999), Piedra vacía (2002) y La muerte, bis (2003). Profesor de Comunicación Social de su universidad, sus poemas han sido traducidos al italiano, portugués, inglés y francés e incluidos en varios repertorios antológicos. Según el minimalista Horacio Benavides “Felipe García Quintero es una de las voces más originales de la poesía colombiana. El poeta, negándose a seguir por sendas transitadas, se sumerge en sí mismo en busca de respuestas a preguntas que lo obseden: su origen, el lenguaje y el sentido de la poesía. Y, como penetra en lo oscuro, camina a tientas, encontrando ceniza, monstruos, pequeños fragmentos del hilo de oro; briznas todas del poema.”

  Res 

  I.

  La vaca muerde la hierba
        y su aliento estremece la luz del polvo lunar.
 
        Temblorosa es la música entre sus patas,
        hondo el respirar del viento.
 
        La cola que aparta las moscas
        flota, rema.

  II.

  La vaca llama a ser vista por sus grandes ojos abiertos.
 
        La lentitud y no la hierba es lo que cavila en la paciente sombra.
 
        Tiento la tierra que la junta al cielo.
 
        Montaña de sólo aire el pensamiento donde se despeña el silencio.

  III
        Arriba en la montaña,
        inmóvil, una vaca sola pasta.
 
        A su sombra mis ojos buscan refugio.
 
        La vaca mística de la infancia
        sobre el llano alto, casi en las nubes.
 
        Un poco de ese fulgor toca mis manos,
        sólo entonces, en cada piedra, el horizonte nuevo.

[16] John Better Armella (Barranquilla, 1978), publicó China White (2006) su primer libro de poemas con una editorial mexicana y en 2011 fue reeditado en Mompox. Better se ha dedicado casi que en exclusivo al tema de la cultura popular con énfasis en la vida marginal, publicando libros como Locas de felicidad (2009) con un prólogo de Pedro Lemebel, recibiendo elogios de Jaime Manrique Ardila, Alonso Sánchez Baute y Fernando Vallejo.

 Los minutos restantes de Puck

Fui pumkin
    Fui gueto
    Immer Bosnia        
    Fui Garçon  D’Honneur
    Fui  Queen Elizabeth
    Las cofradías ocultas
    Fui stereo MC’s
    Fui Robert Zimmerman 
    La casa encantada de Emily Dickinson
    Fui l’eau d’un chapeau
    Fui Aurelio Arturo al empezar el día
    y ya en la tarde de neón era Gonzalo Arango
    pisando el césped con botas de hule.
 
    Fui pumkin
    Fui gueto
    Immer Sarajevo
    Fui Bergerec
    Fui hotel grand royal
    Los restantes minutos de Puck
    Fui huîter
    Fui Ezra Pound
    “Un quebrado manojo de espejos”
    Fui el Jerarca Brown
 
    Fui miss Jhonsson de California
    Fui el nudo de una corbata
    L´irresistible jouet
    Fui Jean Cocteau
    L’ enfant terrible
    Y ya la noche ceñía con encajes
    mi turbio vestido de primorosos cantos
    Fui Jean Cocteau
    Y mientras lo era alguien despertaba
    del coma con las manos llenas de nieve
    Fui Pumkin
    Fui gueto
    Always pedestal
    Fui Huckleberry Finn
    Fui Gay Lussac
    El Nuevo barrio obrero
    Fui la pirámide ópera
    Un rosal de volcánicas fluorescencias
    Fui Silvia Plath y los niños desquiciados del orfanato
    Fui una calabaza de grandes ojos destellantes,
    y el hacha que hirió al roble y la porcelana
    Fui your little darling            
    Una tóxica isla de flamingos
    La arquitectura efímera
    Las huellas que conducían a la entrada de un viejo granero
    Fui pumkin
    Fui gueto
    Fui una niña pobremente vestida, deambulando por las calles de sacramento
    Tenía 14 años…
    Fui la novia del átomo
    Fui y luego llegaron los otros
    Fui Go Toba en su silla de lisiado inmóvil ante ese último crepúsculo
    Fui el cuerpo de su amado
    Dorado plateado en el amanecer de Río de Janeiro
    Fui la inexacta geometría
    Lo que no alcanzó a hacer luna o espejo
    El pálido terciopelo del agua
    El cadáver que guardaba los diamantes en su fondo oscuro
    Fui y nadie lo fue antes
    Nadie puso la sortija a la entrada de la madriguera
    No grita la blanca muchacha desde la alta torre
    Nada asciende desde el fondo del estante
    ¡Y cada vez más noche ¡

[17] Jorge García Usta [Ciénaga de oro, 1960-2005], hijo de José Antonio García y Nevija Usta fundó, cuando tuvo diez y nueve años, con Alfonso Múnera, Rómulo Bustos, Pedro Badran, Pedro Blas Julio Romero, Manuel Burgos, Dalmiro Lora, Octavio Morales y Pantaleón Narváez la revista En tono menor, mientras estudiaba literatura en la Universidad Tomás de Aquino de Cartagena, años cuando gana varios premios literarios: Nacional de Cuento de la Universidad Metropolitana de Barranquilla, Suramericana, Icfes, León de Greiff, Nacional de Periodismo CPB, Cartagena de Indias de periodismo, Antonio J. Olier, etc.  Asistente cultural y editor de las revistas Historia y cultura de la Universidad de Cartagena,  de Aguaita del Observatorio del Caribe, miembro del consejo editorial de Noventainueve, de la división de Bienestar Universitario, editor de Travesía del arte, director del suplemento Solar, guionista de documentales,  jefe de prensa del Festival de Cine, asesor de la fundación Nuevo Periodismo, etc. Entre sus libros figuran Noticias desde la otra orilla (1985), Antonio J. Olier, 50 años en cuartillas (1989), El reino errante (1991), Monteadentro (1992), Visita al patio de Celia (1994), La tribu interior (1995), Cómo aprendió a escribir GGM (1995), etc.  Investigador y promotor cultural, la poesía de García Usta está tiznada por la crónica periodística que tanto admiró y practicó. Celebrada en su hora, de su extensa producción lírica quedaran unos cuantos textos relacionados con la invención del sentir de los emigrantes árabes en tierras colombianas, como este poema titulado Balada de Teresa Dáger:

 No hubo mujer bajo estos soles
        como Teresa Dáger:
        mitad cedro, mitad canoa.
 
        Era bella, inclusive, al despertarse
        Y después de comer ese pobre trigo nativo.
 
        En las esquinas, a su paso,
        Hombres sudorosos
        interrumpían las liturgias del comercio
        y maldecían la muerte.
 
        Era una forma ansiosa.
        Procedía de una furia vegetal.
 
        No la salvó tampoco su belleza.
        Ahora, a los 80 años,
        a diferencia de otras que fueron feas y felices,
        Teresa Dáger sueña sola en el piso quince,
        rodeada de zafiros derrotados.
 
        Y solo piensa en ese arriero de Alepo
        que el 7 de agosto de 1925
        la miró con ganas y en silencio
        tres segundos antes de que su padre
        la enviara al destierro de la trastienda.

Según JG Cobo Borda [“Algunos poetas del Caribe colombiano”, en Aguaita, n° 22, Barranquilla, mayo de 2011] “La poesía de García Usta se impregna en este libro de tiendas donde se venden, por yardas, zarazas y popelinas, en la calle de los Turcos. Donde el trigo y el ajo, la cebolla y la almendra, engendran el quibbe. Añorando, siempre, la tienda del beduino y la mezquita de Alá. Mirando, desde la distancia del Caribe, a Jerusalén, también ciudad sagrada para el Islam, a la cual dirá, por boca de su paisano Salim Muvdi: «Ajena madre mía, /estoy cansado de beber agua prestada». El exilio de la tierra también lo era del alma. Solo la poesía restituye la patria verbal, a través de las historias de parientes y amigos muertos y resucitados en estos versos. Al oír, de 1887 a 1970, las voces de la comunidad trasplantada y su mirada bifronte hacia la tierra de partida y el puerto de llegada ilustradas con pertinentes y nostálgicas fotos.”

Tal fue su capacidad incontenible de trabajo, que El Tiempo [27 de diciembre de 2005], dos días después de su muerte, acaecida en el fétido e inservible hospital de Bocagrande en Cartagena,  sostuvo:Jorge García Usta era un tipo excepcional. Reunía, sin que se estorbaran mutuamente, las calidades del hombre divertido, aficionado al fútbol, conocedor de la parranda y gozador de la vida, y las del trabajador infatigable, tan dedicado y eficiente que, según dijo un amigo suyo, se necesitarán seis personas para cumplir lo que él hacía.” Su obra poética completa fue reunida por Soad Louis Lakah en 2001 bajo el inexplicable titulo de Noticias de un animal antiguo, con notas de Roberto Burgos Cantor, Gustavo Tatis Guerra, Rómulo Bustos Aguirre, Camilo Lobo Zurek, Jaime Arturo Martínez, Fernando Cruz Kronfly, Héctor Rojas Herazo, Joaquín Pablo Zabala, Ariel Castillo Mier y Gustavo Ibarra Merlano.  

[18] Juan Pablo Roa Delgado (Bogotá, 1967), estudió letras en Bogotá y se especializó en lengua y literatura portuguesas en la Universidad de Lisboa (1993 - 1994). Ha publicado dos libros de poesía: Ícaro (1989) y Canción para la espera (1993). Además de editor, se ha desempeñado como traductor del italiano y el portugués. Ha colaborado en revistas como El Malpensante y Quimera. Desde el año 2000 reside en Barcelona, donde se desempeña como corrector tipográfico. Es codirector de la revista  Animal Sospechoso, editada en Barcelona. En 2004 quedó finalista del Premio Gabriel Celaya con El Basilisco.

[19] Orlando Sierra Hernández (Santa Rosa de Cabal, 1959-2002), hizo estudios de Filosofía y letras en la Universidad de Caldas y de periodismo en la Tadeo Lozano. Profesor universitario, dirigió la Oficina de extensión cultural de la Universidad de Caldas y fue redactor, jefe de redacción, asistente de dirección y director de La Patria, donde escribía semanalmente una crónica titulada Punto de encuentro, luchando contra la corrupción en su departamento. Publicó tres libros de poemas Hundido entre la piel  (1978), El sol bronceado (1985) y Celebración de la nube (1992).  En 1995 fue becario de la Casa de Escritores y Traductores Extranjeros de Saint-Nazaire, donde escribió la novela La estación de los sueños (2007). El 30 de enero de 2002 Luís Fernando Soto le propinó tres disparos en la cabeza, por lo cual fue condenado a 19 años de cárcel junto a Luís Tilín Tabares y Luís Pereque Osorio, condenados a 28 años cada uno por haberle contratado como sicario. Luego fueron asesinados un oficial retirado de la policía, cuatro sicarios y un testigo. Soto Zapata fue liberado cinco años después y luego de un año de libertad fue asesinado en Cali cuando asaltaba a un comerciante. La fiscalía detuvo luego a Oscar Aguadas López que terminó involucrando a un político de la región Ferney Tapasco Fernández y su hijo Dickson ex diputado a la Cámara de Representantes. Pero no han sido condenados hasta la fecha.

Bibliografía

Harold Alvarado Tenorio