Juan Manuel Roca


1946

  “Siempre me interesó más la poesía desde un ámbito visual.
No la poesía como una forma del pensar, aunque también lo es, sino que me inclino más fundamentalmente por la creación de imágenes.”

Juan Manuel Roca

Nacido en la otra capital del país, Juan Manuel Roca [Medellín, 1946], quien según Darío Jaramillo Agudelo “ha ganado todos los premios de poesía que se otorgan en Colombia”,  pasó su niñez en El Havre, París, Madrid y la pubertad en México.

Con padre poeta[1], tuvo además tío, a Luís Vidales, quien sin duda influyó en el carácter del sobrino: son arbitrarios y pendencieros[2], es decir, vanguardistas. Fanático del Surrealismo, algunos comparan su magisterio con aquel de Vidal Echeverría[3] en los años cuarentas. Como Echeverría,  Roca vistió colores que ofendían a la gente honorable, usaba afro, y es un peligro por sus furias contra todo aquel que no comparta su idea de ser el sucesor del insaciable José Mario Arbeláez[4], de quien es heredero.  Ha ocupado, sin intermitencia alguna, todos los espacios que ofrecieron a la poesía los inventores del Frente Nacional y sus ministros de Educación y Relaciones Exteriores, y su influencia, moral como etílica, agresiva y poética, sólo puede medirse contando las veces que ha golpeado a botella a los poetas de su país. Hoy no cabe duda que logró convertir la poesía colombiana en algo muy lejano e irreconocible de aquellas tradiciones y momentos que alcanzó con León de Greiff, Aurelio Arturo, Jorge Zalamea Borda, Jaime Jaramillo Escobar o Giovanni Quessep, tan ligados al uso de ese despreciable, para Roca, verso de Darío, Lugones, Borges, Neruda, Villaurrutia, Paz, Lorca, Cernuda, Gil de Biedma o Caballero Bonald. Roca se reconoce en exclusivo en Jorge Carrera Andrade [“Garza: sombrilla que vuela”], Gonzalo Escudero [“Traje dominical de las cebras penitenciarias”], Gonzalo Rojas, Stefan Baciu, Clemente Padín, Max Jiménez, o el más espacioso de todos, el esotérico chavista Juan Calzadilla.

JMR es, según los estudios de su personalidad que hizo Fernando Arbeláez, “Capricornio: un ente sofocado por el engreimiento, la altanería y la codicia, desconfiado y temeroso de ser descubierto en sus ambiciones, mezquindad, crueldad y dogmatismo.” Porque como dicen los sabios de la quiromancia[5], los naturales de Capricornio programan con paciencia, precisión y antelación, su futuro y las metas a conseguir y para ello están  dispuestos a todo por encima de todos. Por eso no sorprende que su poesía, además de haber sido traducida al sueco, haya también sido trasladada a lenguas tan confinadas como el Ainu, Burushaski, Calusa, Hurrita, Keres o Moroítico, o las africanas Ijoid, Bantú, Hadza, Cusítico o el Sandawe, que hablan muchos de los poetas que visitan desde hace dos décadas Medellín. JMR fue, como recuerda la Enciclopedia Británica, el mejor de los directores que haya tenido un diario bogotano, gracias al asesinato de su propietario, ordenado por Pablo Escobar. Durante diez interminables años, con el estoicismo de Palemón el Estilita sobre esa columna de granito, Roca fue propagando la más subrepticia poesía de Colombia, mucha de ella fabricada por sus alumnos y admiradores, en Casa Silva, donde vive hace más de treinta años. “Escribir poesía – repite en sus talleres-, es ser pastor de abismos; dedicarse a ella, hacer agujeros en el agua”.

No hay duda que durante los 13 años [850 ediciones] que dirigiera, a la luz del día o en las sombras de la cantina de Mariela Cruz [El viejo almacén, Calle 15 nº 4-30]  en el barrio La Candelaria, la redacción de MD de El Espectador, él fue el aparejo que cambió el rumbo de la poesía colombiana. Roca, con la colaboración de los sindicatos de maestros y una secta de partidarios de la combinación de todas las formas de lucha contra el estado, lograron lo que nunca pudo hacer Gonzaloarango: convertir en fanáticos de la catacresis, [una metáfora sin un adecuado referente literal] a los ignaros aspirantes a poetas de su tiempo[6].

Roca ha expuesto, en un inverosímil y enigmático artículo titulado La poesía de lo visual (Magazín Dominical de El Espectador, 29 de noviembre de 1998), su teoría sobre la poesía, donde concluye que sólo la imaginería metafórica, es decir, la resurrección del Ultraísmo [“No tanto el abuso de metáforas deslumbrantes, pero la circunstancia banal de buscarlas y no encontrarlas”] que decía Jorge Luís Borges, puede salvar al hombre del caos. Porque como sucediera con aquel emperador de China, para prescindir los males del mundo, primero hay que extirparlos de ese simulacro de realidad que es el arte. Ma Mel Tol, el emperador, habría ordenado a su pintor predilecto, La Moil, suprimir de un cuadro una cascada de agua pues no le dejaba conciliar el sueño. Y afirma JMR: “Lo visual en la poesía, valga decirlo, no tiene únicamente que ver con la disposición tipográfica, aunque fuera tan esencial en los poemas de un gran visionario y visionador del cubismo, Guillaume Apollinaire y sus Caligramas, sino, más allá de la piel, de la epidermis del lenguaje, en la capacidad evocadora”. Por eso, sostiene, “podemos comparar la mar con una carpintería, porque la garlopa arroja cantidades de viruta a las playas del mundo”, pues la metáfora, “que en griego quiere decir traslado, transporte, llevar de un lado a otro, de una realidad a otra, da a luz nuevas realidades”. Y entonces nos revela cómo, luego de una semana de noches de tormento e insomnio, creó las catacresis que cambiaron el discurrir de la poesía en español y que tanto han imitado, sin superarlas, sus aduladores:

El brazo del río jamás esgrime espada.
Los dientes de ajo no comen duraznos.
El ojo de agua desconoce el monóculo.
El cuello de botella no porta collares.
La oreja del pocillo no escucha a Beethoven.
Las manecillas del reloj no usan guantes en invierno.
Los durmientes del ferrocarril no se despiertan a su paso.
Las palmas de las manos no dan dátiles.
La luna de miel no atrae a las moscas.
Las cabezas de los fósforos no tienen aureola, aunque alumbren como santos.
El lomo del libro no recibe latigazos.
La garganta del desfiladero no teme al mordisco del vampiro.
La silla de brazos no es pródiga en abrazos.
El ojo de la cerradura no duerme de noche.
El ojo de la aguja ni siquiera pestañea.
La luna del espejo no altera sus fases.

Roca ha publicado incontables libros, todos reunidos en Cantar de lejanía (2006), con  un epílogo de Manuel Borrás, quien le premiara con el dinero del Ministerio de Cultura de Colombia. En Roca hubo dos manantiales: la demencia de la escritura automática y el tino para criticar con saña los actos de los gobiernos del ayer y fue equitativo en ese oficio.  Roca era la encarnación de un profeta que despreciaba el trabajo como lo entiende el burgués, así no desdeñe los placeres que ofrece este mundo vendiendo su alma al diablo en una noche de Walpurgis. En aquellos tiempos de horror, durante los gobiernos de López Michelsen y Turbay Ayala, algunos de sus textos fueron directamente promovidos, en cantinas, canchas de tejo, campamentos y tomas de pueblos y veredas,  por la dirigencia del Movimiento 19 de Abril[7], al cual aparentemente pertenecía su autor.

  Hay un cambio de guardia en la noche.
        Algún ciego tañe el viento.
        ¿Pero qué hace que los muertos
        destiendan la cama,
        crucen a nado el aire de la casa
        o nos hagan pronunciar extrañas palabras?
        ¿Quién tira del mantel
        y tumba las cebollas?
        ¿Qué mano invisible nos toca la espalda?
        Podemos acusar al viento
        de trizar otra orilla del sueño,
        de tropezar con seres ausentes,
        de descolgar los retratos de los sueños.
        ¿Pero quién asegura que los puentes
        no caminan sobre el río
        entrando en la noche?

(Cambio de guardia)

Roca recurría al distanciamiento. Como en ciertos poemas medievales, muchos de los suyos parecían escritos antes de una peste, cuando el monje que los redacta presiente la sustanciación de la vieja tesis de que al mal anteceden visiones del mundo al revés: el siervo castiga al amo, el buey arrastra al agricultor, el ciervo mata al león, etc. El artificio de los pastiches de Roca, inundados de catacresis,  es su malicioso sabor expresionista, que imita no pocos de los versos que Georg Heym leía, alucinado por el alcohol y el éter, en el Neopathetisches Cabaret de Berlín a comienzos del siglo pasado.  Roca leyó con cólera en Tralk y  Kafka: en aquel retumba, muchas veces, una melodía apocalíptica; en este, el mundo al revés es doctrina.  Al estilo de Tralk lo llamó Walter Falk desconsolado MERGEFIELD desconsolado . En Roca no hubo solo desconsuelo sino ira.  Fue un iracundo, uno de esos furiosos alienados que en las Naves de los Locos remaban sin puerto en los ríos de Europa bajo noches colmadas de cuervos, cantos sin estrellas y días ciegos por el hambre y el impedimento de tocar tierra.  Esa furia, dosificada, está en esta paráfrasis de Mario Rivero, Rojas Herazo, o Pizarnik y el brasileño Floriano Martins, con no pocos adjetivos dignos de Porfirio Barba Jacob, escrita para responder a una carta de su madre Clara Vidales, hermana de Luís, el poeta vanguardista de los años veintes:

  Me pregunta usted dulce señora
        qué veo en estos días a este lado del mar.
        Me habitan las calles de este país
        para usted desconocido.
        Estas calles donde pasear es hacer un
        largo viaje por la llaga,
        donde ir a limpia luz
        es llenarse los ojos de vendas y murmullos.
 
        Me pregunta
        qué siento en estos días a este lado del mar.
        Un alfileteo en el cuerpo,
        la luz de un frenocomio
        que llega serena a entibiar
        las más profundas heridas
        nacidas de un poblado de días incoloros.
 
        ¿Y el sol?
        El sol, un viejo drogo que ha lamido esas heridas.
        Porque sabe usted, dulce señora,
        es este país una confusión de calles y de heridas.
        La entero a usted:
        aquí hay palmeras cantoras
        pero también hay hombres torturados.
        Aquí hay cielos absolutamente desnudos
        y mujeres encorvadas al pedal de la Singer
        que hubieran podido llegar en su loco pedaleo
        hasta Java y Burdeos,
        hasta Nepal y su pueblito de Gales,
        donde supongo que bebía sombras mi querido Dylan Thomas.
        Las mujeres de este país son capaces
        de coserle un botón al viento,
        de vestirlo de organista.
 
        Aquí crecen la rabia y las orquídeas por parejo.
        No sospecha usted lo que es un país
        como un viejo animal conservado
        en los más variados alcoholes,
        no sospecha usted lo que es vivir
        entre las lunas de ayer, muertos y despojos.

(Una carta rumbo a Gales)

La lira posterior de Roca, confeccionada durante los años del bien estar, se resiente no por la abundancia del corazón sino las pingues ganancias de la paráfrasis. Baudelaire, Rimbaud, Vallejo, Blake, Artaud, Diógenes, Rulfo, Piranesi, Carroll, Borges, Thomas, Ungaretti, Benjamin, Chagall, Hobbes, Graves, Degas, Arreola, Silva, Picasso, Villon, Pizarnik, Rilke...  desfilan desnudos y tras un biombo en esa cripta inmóvil y ambigua que es ahora el poema. Símbolos, recursos, modos, referencias, nombres, hacen de estas pesadillas, de fuerte carga sicalíptica y etílica, una procesión de fantasmas y erecciones:

      Las banderas grasosas desplegadas al viento
            como una lacra en los viejos edificios,  
            entre la flor marchita de las avenidas
            por cuyo asfalto que espejea bajo el sol
            corren las colegialas con un hilo de sangre  
            entre las piernas blancas de piel adormecida.

La utilería de sus poemas no puede ser más escueta e infeliz, una suerte de contoneo entre lo apacible y urbano, en los límites de esa miseria donde la vida rueda entre frases manidas pero intrigantes que hacen de la plática no una reflexión sino meros asombros, alucinaciones, manchas de Hermann Rorschach. Un mundo de absurdos, un paliativo de frases ante una realidad que nunca ha visto, la negación de la vejez y la abolición definitiva de la muerte. La poesía de Roca es uno de los fracasos más elocuentes del Nadaísmo.

     Me hice enemigo de un país sin amigos
            y en los bordes de la acera vi la
            flor de la miseria.

“Todo ello, ha dicho JG Cobo Borda, gracias a la evasión escurridiza de un lenguaje cada vez más preciso y detallado, cada vez más ceñido a su tema, que sólo termina por designar nieblas y aguas inatajables, imposibles de escribir sobre ellas. En definitiva, todo ello alude al tiempo mismo, razón de ser de una poesía que si bien intenta fijar el instante también desfigura cuanto toca. No la firma Roca sino Nadie.”

 

[1] Juan Roca Lemus, alias Rubayata [Ocaña, 1908-1981], periodista, panfletario y diplomático fue miembro de la Academia de Historia de Antioquia y de la Sociedad Bolivariana. Cónsul de Colombia en Francia, durante su prolongada existencia se entrevistó con muchos políticos a quienes admiraba o desdeñaba como Charles de Gaulle, el generalísimo Franco,  Ortega y Gasset,  Pío Baroja, Salvador Dalí. etc. Escribió en periódicos como El País, Clarín, El Debate, El Espectador, El Tiempo, El Colombiano, La Nación, El Siglo, El Nuevo Tempo, El Norte, El Popular, Cromos y El Faro. Entre sus numerosas obras figuran Molinos de viento (1927); El diablo tiene cara de conejo (1928); En la república de los vagabundos; diario intermitente (1935); El camino de Damasco o la parábola de Gabriel Turbay (1945); Atanasio Girardot o Atanasio bandera biografía del Leonidas de América (1968); Presencia de un pueblo, biografía antioqueña (1976); Gobernadores de Antioquia (1978); El diablo tiene la vela (1980); Montaña que piensa, 37 biografías antioqueñas (1982); Galaxia Bolivariana, Bolívar entre el cielo y la tierra (1983). El camino de Damasco, es uno de los pocos libros escritos contra la presencia sirio-libanesa en Colombia, un volumen chovinista y racista contra la candidatura de Gabriel Turbay.  Rubayata  niega a Turbay la nacionalidad colombiana y recurre a un discutible patriotismo para fundamentar el sentimiento xenófobo: “No encontramos, pues, en todo el ajonjeo de las guerras civiles colombianas a ningún Turbay, como no lo hallamos en ninguna hazaña de la conquista ni de la colonia ni de la emancipación ni de la república”. Son famosas las frases con que despidió los despojos del poeta Pedro Restrepo López, alias  León Zafir en el cementerio de Medellín en 1964, donde atacaba la temprana militancia de su hijo en el nadaísmo: «Estamos listos para sembrar en esta huerta-casera de la Muerte, a una noble mazorca de poesía, una mazorca totalitariamente raizal, apretada de granos reventones de poética precisamente silvestre, que es vitamina del pueblo sentimental, pero no consagrado a la mariquería de los nadaístas, nutrición de lo telúrico y del espíritu...». Según el propio Roca, su padre “A pesar de pregonarse seguidor de Laureano Gómez, por su talento y su talante, me parecía un ácrata de derecha. Su otro hijo, Fabio Roca Vidales, [http://www.semana.com/nacion/noche-nazis-criollos/155478-3.aspx] vivió desde muy joven en la España de Franco militando en Falange donde conoció al General León Degrelle de la Legión Wallonie, la 28 División de las Waffen-SS  conocido como “el mejor soldado del Fuhrer”, autor de varios libros sobre el nacional socialismo, ha sido periodista profesional en España, Jefe de Redacción de “La República”, Jefe de Información de “El Siglo”, Director del vespertino, “ El Bogotano”, Jefe de Redacción de la Agencia Colombiana de Prensa “Colombia Press”, Ex presidente del Colegio Nacional de Periodistas, Jefe de Redaccion del Radio noticiero Panorama de la voz de Bogota de Todelar de Colombia, Jefe de Relaciones, Prensa y Publicaciones de TELECOM,(1978-1982), Jefe de Publicaciones de la Universidad de la Salle, Ex director de revistas académicas de dos universidades, Corresponsal internacional de AMEX de México, de Deutsche Press Agentur de Alemania y del periódico Alcázar de España. Caballero de la Orden de Isabel la Catolica en 1972. Secretario del Juzgado Distrital de Aduanas de Medellin, Ex juez Superior de Aduanas en la jurisdicción penal aduanera de Medellin. Cronista de planta internacional de “Cromos” y como su hermano lírida, Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en 1976. En la actualidad es uno de los jefes Nazis en Colombia, como puede leerse en la crónica arriba mencionada aparecida en la revista Semana.

[2] Son numerosas las ocasiones que JMR ha golpeado a sus colegas bajo los efectos del alcohol. Según Jotamario Arbeláez, en una nota publicada en El Tiempo el 17 de julio de 2002, “Un día de hace dos meses, el joven poeta, director de una revista, salió del bar en una terraza en busca del orinal.  De pronto sintió que un animal borracho se le iba encima, lo tumbaba y comenzaba a propinarle en el suelo puños y patadas. Acuciosos parroquianos corrieron en su ayuda y lo libraron de la tunda, que iba para largo. Cuando pudo abrir el ojo, el poeta se dio cuenta que quien con tal saña lo castigaba era nada menos que Juan Manuel Roca, de quien había terminado por distanciarse. No era la primera vez que este hombre increíble se cebaba con una víctima lírica. Son por lo menos siete los buenos poetas que han conocido los nudillos del puñetero, desde su amigo Raúl Henao, con quien había viajado de Medellín a tomarse la capital con sendos lánguidos librillos, y a quien obligó a devolverse a casa con un ojo negro. Y hasta al director de teatro y artista insignia de nuestra vanguardia, Santiago García, atacó a golpes en un bar de artistas, acusándolo de "mamerto"”. Y según una carta de Juan Carlos Céspedes en El Tiempo del 23 de julio del mismo año: “Roca ha ejercido una dictadura sobre la poesía colombiana y entre sus rabiosas exclusiones no es de extrañar que las golpizas hayan aparecido en más de un recital poético.” Un poema apócrifo, publicado en la revista electrónica Kien&ke reza así:

A TODOS LES DOY BOTELLA
 

Nunca voló la humilde pluma mía
por la región satírica, bajeza
que a infames premios y desgracias guía

Miguel de Cervantes Saavedra, Viaje al parnaso, 1614.


A todos les doy con la botella:
A Armando Orozco porque María Mercedes Carranza lo quiere más que a mí, y le da trago del fino, del que tiene guardado con llave en su oficina,
A Eduardo Gómez porque no me presta ese abrigo de dromedario que lleva por todas partes como un cardenal romano ávido de sexo con condenados a muerte,
A Giovanni Quessep por beber sólo agua de Escocia y dárselas de Dante Alilleri,
A José Luís Díaz Granados por Cantar a Alberto Santomafia Botero, y haber fornicado a más de trescientas mulatitas regalo de Fidel Castro a cambio de información sobre ciertos mamertos del Policarpo y Casa Verde,
A todos les doy botella,
A José Mario por darme de la que sabemos, blanca revuelta con maracachafa,
A Auralú por haber llevado a José Mario a mas de quince consulados a costa de Colcorrupta en la época de BB,
A Nicolás Suescun, que se chuma unos cigarros de medio metro de la que ardía Barba Jacob,
A Oscar Collazos porque es un francés de Guadalupe, muy servicial con los Santos y que aspira a ser The King of Black Somalia,
A Patricia Ariza por horrenda loba aullante del teatro ambulante,
A Robinsón Quintero y Fernando Linero porque me han elogiado pero sin ganas y porque mataron a mi hiena adorada dándole perica con ladrillo,
A todos les doy botella,
A Federiquito Díaz Granados, criado debajo de una mesa de cantina donde su papá bebía tapetusa y engañaba a la mamá del niño porque no me invitó de primero a la Tertulia de Gloria Luz, la millonaria dueña de la más grande casa de agio de la capital y amiga de mi viuda de dos de oro,
A Ignacio Escobar Urdaneta de Brigard porque es el mejor poeta de todos nosotros y nadie ni lo dice ni lo piensa,
A Víctor López Rache por desobediente, le mande a escribir contra uno y se puso de su lado en un cine porno,
Al mulato ese que viene cada medio año de New York y se junta con el otro negro de Cartagena a hacer cosas raras entre las nalgas de ambos,
A todos les doy botella,
Incluso al pálido biógrafo de Tirofijo que no fue capaz de escribir un libro sobre mi siendo que vivíamos ambos en la más absoluta soledad,
A Juan Gustavo Cobo por gordinflón y samperista, así me haya querido hacer embajador y cónsul,
A Álvaro Mutis por ponerme a copiarlo y sonar como él,
A Darío Jaramillo Agudelo porque no me pagó más por los talleres para que guardara silencio y no le diera más botella así me haga publicar en España, y con su amante pre-pago me regale millones del fisco nacional,
A Darío Ruiz Gómez porque ensarta autores que cita como una longaniza y no existen,
A todos les doy botella,
A Fernando Denis que me está derrotando como quiso el loco Gómez Jattin y entre La Hiena y Patita de Chuli acabamos con él cuando un bus le dio la buena muerte en Cartagena de Negras,
A Gonzalo Márquez porque no me sacó sino en una sola foto, él, que se ha hecho tantas con tantos famosos,
A todos les doy botella,
A Jorge Cadavid porque estuvo en Estocolmo, Salamanca, Timbuctu, Malambo y Turbaco pidiendo premios para él y no para mi,
A Juan Felipe Robledo porque ya no me quiere y no me invita a tomar químicos,
A Luz Miriam Giraldo por plagiaria y porque no me endiosó como hizo con Moreno Duran y el borracho de La tejedora de coronas de cementerio,
A Ramón Cote porque descubrí que no era Cote sino Caballero Bonald, aunque sigue siendo Baraibar,
A Rogelio Echavarría porque cuando trabajaba en El Tiempo solo se sacaba a si mismo, haciéndose la humilde paloma de la soberbia,
A todos les doy botella,
A Alvarito Rodríguez por ser un viejo pendejo, soplando el polvo a unos libros españoles que le cuida a la hija del pintor Roda,
A Eduardo Escobar porque escribió un gran poema lleno de cucarachas,
Al mierda de Mario Rivero, porque apenas me saco diez veces en Golpe de Dados mientras él se publicó trescientas,
A todos les doy botella,
Menos a mis compinches,
Mis adorados Julián Malatesta que me colgó de un doctorado en Catatumbo College de Kali Valley,
Chus Enfisema Visor que me da, aunque poquita, alguna guita para pasearme por la Cava Baja cantando el Cara al Sol con mi hermanito nazi,
A Guillermo González a quien le quité El Espectador y no se dio cuenta a qué hora,
A Santiago Mutis porque donde lo coloca su papá me publica,
Al cantor de la fauna el poeta de los niños y los ratones y las niguas y los ñatos el gran Horacio Benavides alias Dame Plata Tagore,
A mis idolatrados protervos del Festival de Poesía de Medellín porque me dieron gloria, fama y fortuna,
A ti, Fernando Rendón, alias 3000 Millones, gran poeta, traducido a mil ciento lenguas nuevas y viejas,
A ti Samuel Vásquez,
A ti Gabriel Jaime Franco,
A ti Piedad Bonet, gloria de la estatura, gran poetiza de la cama y la mesa, dotora de los Andes, protectora mía,
A todos vosotros dono los mil trescientos millones de dracmas que me acaban de dar.
Porque para vosotros no hay botella.

Estocolmo, Academia Sueca, donde me van a dar por el Nobel, 2008.

 


[3] Se cree que el único surrealista puro que ha dado Colombia fue Vidal Echeverría, quien en Bogotá imitaba a Cocteau usando vestidos de colores matemáticos, auriculares en la solapa, melena griega y uñas de malabarista chino. Su plato preferido eran las cuerdas de un violín en aceite Singer con trozos de vidrio nadando en alcanfor, además por las tardes bebía sangre de niño en un sombrero de papel dorado. Publicó un libro de versos titulado Guitarras que suenan al revés, y expuso treinta cuadros con nombres como Diván en trance de visita, Tendón sin pie o Indigestión del mar.  Alfonso Fuenmayor sostenía que Echeverría se había parido a si mismo y que para Garcia Márquez, como surrealista Vidal era un cruce de canjuro con máquina de escribir. Véase Héctor Rojas Herazo, El gran ausente, Diario de Colombia, Barranquilla, 17 de Octubre de 1952.

[4] Jotamario Arbeláez, (Cali, l940), hermano de la célebre Martha Lucy Arbeláez y cuñado del multimillonario restaurador  Andrés Carne de Res, es uno de los seudónimos del publicista y principal ideólogo del Nadaísmo, José Mario Arbeláez Ramos, que algunos sociólogos consideran la doctrina social y ética de los grandes capos del narcotráfico,  como Don  Gilberto y Don Miguel Rodríguez Orejuela, cuando desde 1969 iniciaron sus actividades secuestrando a Herman Buff, cónsul de Suiza en Cali y su hijo, José Warner Straessle. Arbeláez trabajó por mas de veinte años en agencias de publicidad [Hernán Nicholls, Leo Burnett, Sancho] que concibieron las campañas políticas de presidentes como Betancur, Samper y Pastrana Arango, cuyos vínculos y relaciones le permitieron obtener enormes beneficios económicos y no pocos premios literarios como Oveja Negra, 1980 [de José Vicente Kataraín, el editor pirata de las obras de GGM]; Golpe de Dados, 1980 [del caballero de industria Mario Cataño]; Instituto Colombiano de Cultura, 1985 [bajo el gobierno de Belisario Betancur y su Directora de Cultura, Aura Lucia Mera, admiradora que le llevó con otros dineros del estado a 17 países, mientras Leonor Carrasquilla Castello, alias La Maga Atlanta le pronosticaba el futuro]; Instituto Distrital de Cultura, 1999 [para celebrar el matrimonio de Betancur y Dalita Navarro durante la alcaldía de Enrique Peñalosa] y Valera Mora, Caracas, 2008, merced a los oficios del gran taumaturgo del chavismo Enrique Hernández de Jesús. En los años mas temibles del cerco a la capital de la república por parte de las guerrillas de las FARC, Arbeláez fue nombrado Secretario de Cultura de Cundinamarca por David Aljure Ramírez, [26/05/1997 - 31/12/1997]  [condenado por la Corte Suprema de Justicia  a siete años de cárcel, una multa de más de mil millones de pesos y la interdicción de sus derechos y funciones públicas por uso indebido de los dineros estatales, entre ellos la contratación de una carretera entre Guaduas y Guaduero], con quien ideó un plan de divertimento y despilfarro del presupuesto llamado Culto por la Paz, que hubo de ser abortado por las acciones violentas de los jefes paramilitares Luís Eduardo Cifuentes, un ex militante de la JUCO, conocido como El Águila y John Fredy Gallo Bedoya, El Pájaro, amos del genocidio y señores del robo de la gasolina en Yacopí, La Palma, San Juan de Rioseco, Pacho, Zipaquirá o Guaduas, que consideraron esos actos como otra de las formas de lucha de las guerrillas del Mono Jojoy. La llamada poesía de Arbeláez lastrada de retórica y obscenidades, termina por ser una suerte de insoportable narcisismo cuya intención es construir una mitología personal que aúlle sus pretendidas rebeliones, hoy convertidas en un ramplón misticismo católico de misa diaria y comunión semanal.   Un retrato de su extravagante personalidad ha sido confeccionado por Jaime Jaramillo Escobar en un esplendido poema titulado:

JOTAMARIO DE CALI

… y continúa muy puñaletero el maldito…
        GONZALO ARANGO

“Barbilindo poeta” se describió a sí mismo con sorna, con amor, encabritado en esa “pirueta bufa” con que el crítico lo define.
La autocrítica y el auto elogio van parejos en su vida desvergonzada.
Es más: en un escrito afirmó ser la verga más vergaja de Colombia, para estupor de tantos lectores castísimos de Bogotá,
Y no hay duda de que él lo decía con sus segundas intenciones, como todo lo que hace y lo que ha hecho desde un principio,
Cuando aseguraba públicamente, con el cinismo de su escuela,
que una obra no es de quien la escribe sino del primero que la publica.
En su juventud se daba fama de cuchillero en su barrio,
pero todos sus amigos lo queríamos cuando lo íbamos a visitar bajo algodones y gasas, suspirando en la tarde soñolienta por una venganza incompleta,
Levantándose antes de tiempo y quitándose los vendajes con desprecio,
pero volviéndoselos a poner cuando los visitantes se alejaban.
Entre los nadaístas, Jotamario es el cuento de nunca acabar.
Gonzalo Arango lo quería más que a sus mujeres,
y mucho más que a sí mismo, pues varias veces arriesgó su vida por la de él,
y pasó muchas noches escribiéndole sus mejores cartas
con ese amor que Gonzalo tuvo por sus amigos, por lo cual ellos le amaron asimismo más que a sus mujeres y a sus amantes y que a su patria,
porque la patria son nuestros amigos –no son unas piedras–.
También Jotamario ha sabido ser un señor de sólido corazón para con sus amigos,
Jodido como él mismo pero dispuesto a hacer valer su derecho
De amar –y de odiar– si el amor no le bastaba.
Con un sombrero de Judío Errante y unas botas largas de mujer
Atravesó los peores inviernos de la capital y con los mismos el verano,
Pero siempre él mismo en verano y en invierno.
Violento hasta el delito y tierno hasta las lágrimas,
Sobrio o borracho está siempre ebrio de todo,
Y gira a la velocidad de los planetas
Que parecen dormidos como un trompo hasta que de pronto cabecean.
Ingenioso y brillante, inteligente y ruidoso, siempre en contravía,
También la Tierra ha chocado con él como cuando le arrebató a María de las Estrellas,
Pero Jotamario: “Esa puta Tierra me las pagará,
Yo soy Jotamario”.
Aunque despedazado
Siguió siendo Jotamario,
Y se le veía muy compuesto por las calles de Bogotá,
Pero tenía los huesos pegados con esparadrapo.

Me quito el sombrero y le digo: –Señor Jotamario,
Yo lo quiero mucho y todos sus amigos lo quieren,
Especialmente la poesía lo quiere,
Y está dispuesta a irse con usted para aquella isla
Donde tanto soñó con ella en aquellos malos tiempos pero con buenos paisajes,
Donde se forja la decisión de un hombre criado en un barrio pobre,
Desde niño acostumbrado a defenderse con la navaja y a escabullirse de la policía,
Que sin embargo varias veces le rajó la cabeza y por eso tuvimos que ir al hospital,
Pero siempre tan contento de parecerse a Apollinaire,
Con su fama de bandido bien cimentada en los periódicos,
Aprovechando la convalecencia para revisar sus poemas con la calma de los enfermos,
Y esperando que le dieran de alta para volver a los mismos lugares.
Toda la vida lo he conocido como un cabeciduro,
Lo cual no le quita lo inteligente sino que le agrega lo tenaz,
Siempre sin importarle el mañana o el qué dirán,
Siempre haciendo todo lo que le ha dado la gana,
Y negándose a hacer lo que por nada del mundo haría.
Enemigo del campo, su meta es la sociedad post-industrial, el whisky con hielo, la vida leve,
Pero si le pones un obstáculo se te vuelve una fiera.
Por eso sus poemas son dulcísimos cuando está enamorado,
Y cuando la vida lo acosa sus poemas son pendencieros y bizarros.
En el pleno ejercicio de su arte lo saludo y en el pleno disfrute de la vida,
Sabio en poesía y sabio en las cosas del mundo.
Podemos confiar en él porque tiene un palo atravesado en el corazón.
Su poesía nos es necesaria para el esclarecimiento y el goce.
En él tenemos a quién aplaudir y con quién llorar y reír.
Inscrito está como Nijinsky entre los “payasos de Dios”.


[5] Véase Berti Giordano, El arte de la adivinación, Barcelona, 2012.

[6] La cáfila de obedientes que tuvo a su servicio gratuito en El Espectador estuvo compuesta por Alberto Rodríguez Tosca, Alejandro Torres, Álvaro Marín, Beatriz Castaño, Carlos Vallecilla, David Jiménez, Diana Gil, Federico Díaz Granados, Gabriel Arturo Castro, Gloria Erazo, Horacio Benavides, Jaime Aljure, Jaime Echeverri, Juan Felipe Robledo, Julián Malatesta, Luís Felipe Orozco, Mery Yolanda Sánchez, Nelson Osorio Marín, Olga Marín, Omar Ortiz, Piedad Bonnett, Rómulo Bustos, Samuel Jaramillo, Santiago Mutis Duran y Víctor López Rache.

[7]Sólo he simpatizado con líderes anómalos como Jaime Bateman, -- dijo a Guillermo Linero Montes--y esta actitud descreída quizá haya sido fortalecida por esa independencia casera que me ayudó a buscar lo que de verdad me ha interesado, a no plegarme al rebaño.”

Harold Alvarado Tenorio